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El Día de Muertos: Un Abrazo a la Memoria

 El Día de Muertos: Un Abrazo a la Memoria


El Día de Muertos es una vibrante tradición mexicana que transforma la pena en celebración. Más que un luto, es un acto de amor y encuentro, donde la costumbre ancestral se fusiona con la fe.

La ofrenda, con su arco de cempasúchil, el aroma del copal, el pan de muerto y las fotos, es el portal para que nuestros seres queridos vuelvan. Por un par de días, la vida y la muerte conviven, recordándonos que el verdadero fin no es el olvido. Honrar a quienes partieron es afirmar que su legado perdura, manteniendo su espíritu vivo a través del recuerdo y la fiesta comunitaria. Es una hermosa lección sobre cómo encarar la finitud con alegría y respeto.


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Las Pastoras, Moras y Cristianas

 



El segundo viernes de cuaresma danzan las vírgenes de La Magdalena Yancuitlalpan


El segundo viernes de cuaresma las vírgenes de La Magdalena Yancuitlalpan danzan, van de moras, cristianas o pastoras. En ellas recae la responsabilidad del ritual para el señor del pueblo, el cristo que –cuentan los abuelos– iba camino a San Miguel Atlautla, estado de México, pero que le gustó el pueblo poblano y ya no se quiso ir.


En Yancuitlalpan, donde el volcán Popocatépetl se mira de tu a tu, donde los migrantes en Estados Unidos son la esperanza, hay dos fiestas grandes: la de la patrona (22 de julio) y la del señor del pueblo (que va vareando).


Para estas celebraciones hay varias danzas, según se acomoden los miembros de las comisiones y las familias, porque aunque pobremente sean los trajes, siempre es un gasto. El pasado viernes salieron dos danzas: Moras y Pastoras.


Participan puras mujeres, niñas y púberes en realidad. Mujeres hechas y derechas, con hijos, esas ya no “porque no les gusta”. Nadie quiere contar por qué infantes y adolescentes, es más, nadie dice textualmente que para esas danzas se requieren vírgenes.


Pero todo está a la vista: las danzantes van de los 10 a los 16 años, algunas aparentan menos edad porque son muy menuditas, de cuerpos en extremo delgadosÉ llevan en su piel canela cubierta de polvo las marcas de la desnutrición.


Las Pastoras bailan en el interior del templo. Sobre el huipil de bordados rojos y azules se ponen una blusa blanca (como de las que se usan en la escuela), llevan falda tableada que cubre hasta las rodillas y un delantal a cuadros con flores de tela pegadas a las bolsas. En las manos llevan varas adornadas con papel de china de varios colores y sonajas de latón.


Sus cabezas van coronadas con velos blancos y azares de novia. Todo el tiempo mantienen la cabeza baja, mientras mujeres adultas cantan: çbreme mi corazón, acompañadas por violín, guitarra, guitarrón y quinta.



Las Moras interpretan durante todo el día pasajes sobre la guerra entre moros y cristianos. La ropa es la misma que las Pastoras sólo cambian los accesorios. Las moras llevan capa roja, las cristianas capa azul, con mínimos adornos dorados. Ambos bandos portan coronas de latón rematadas en luna para las moras y en cruz para las cristianas.


El ritual realizado en el patio de la primaria es casi íntimo, apenas una decena de personas está ahí para ver, porque jamás se escuchan los diálogos que repiten las niñas dirigidas por don Antonio Aspiros, depositario de la tradición.


Y mientras las cristianas están jurando que acabarán con las moras, María Bibiana se da tiempo para contar que le gusta mucho eso de andar en la danza, igualito que su mamá y su abuela. Se retuerce cuando se le pregunta por qué niñas. Ella tiene 14 años va a la secundaria y tiene su novio, todavía puede salir de Mora porque ni se ha casado ni se ha ido al campo con él.


Todo viene del más allá

Los fiscales estuvieron muy atentos para que todo saliera bien el pasado viernes, fiesta del señor del pueblo. Organizaron a las comisiones para las danzas, la música, las misas, los arreglos de flores y hasta el jaripeo pagado por unos 50 hombres, trabajadores en Nueva York, negados a que sus nombres desaparezcan de Yancuitlalpan, por eso mandan sus dólaresÉ para estar presentes en la memoria del pueblo siempre peregrino.


Jorge Pinzón y Dionisio Díaz contaron que la celebración para el cristo del pueblo es grande, igual que la de la patrona Magdalena. Relataron que las historias de las danzas “vienen del más allá” por eso no saben muchas cosas porque los abuelitos no contaban todo.


Lo que sí tienen cierto es que el señor del pueblo está muy a gusto en La Magdalena porque ahí le gustó y ahí se quedo, igual que la patrona.


La migración para ese pueblo no es nada nuevo, tampoco la frase “todo viene del más allá”, justamente porque Yancuitlalpan tiene una larga historia de peregrinar.


Hace muchísimos años salieron de Axocopan (pueblo cercano a Atlixco) con una imagen de La Magdalena a cuestas y se fueron a Huexocoapan (rumbo a San Pedro Benito Juárez), pero de ahí los corrieron quién sabe por qué (son historias que vienen del más allá) y se fueron acercando al volcán Popocatépetl. Los hombres narran: “se vinieron por acá y aquí le gustó a la patrona, porque cuando ya se iban a seguir su camino no se dejó levantar, se puso pesada, pesada, no se podía mover, entonces dijeron aquí le gusta y aquí se quedaron y aquí nos quedamos nosotros también”.


Lo mismito pasó con el cristo, el señor del pueblo. Lo llevaban para una iglesia en San Miguel Atlautla, estado de México (también en la región del Popo), descansaron en La Magdalena y cuando ya se iban, la imagen se puso muy pesada, ya no la pudieron mover, parece que le gustó el pueblo y se quedó en Yancuitlalpan a unos 7 kilómetros del cráter del volcán Popocatépetl, muy cerca de Tochimilco, donde se erigió uno de los primeros conventos franciscanos en América.


COPIADO DE UNA PÁGINA .

Cumpleaños del Popocatépetl

 




#Interesante 🔴

‼️ Cada 12 de marzo se celebra el cumpleaños del volcán Popocatépetl.‼️


De acuerdo con la leyenda de la comunidad de Santiago Xalitzintla, municipio de San Nicolás de los Ranchos, había un hombre que podía ser localizado a las faldas del volcán, era de edad avanzada y se llamaba Gregorio Chino Popocatépetl.


Según la leyenda, era el espíritu personificado del volcán y se aparecía para anunciar a los lugareños cuando el Popocatépetl tenía actividad.


En Santiago Xalitzintla existen una especie de elegidos que pueden comunicarse con el espíritu del volcán, les llaman Temperos, quienes pertenecen a la familia de los Analco.


Es debido a la leyenda de Gregorio Chino Popocatépetl que los pobladores comenzaron a llamar al Popocatépetl don Goyo.

Cada 12 de marzo, día de San Gregorio Magno, los pobladores de Xalitzintla llevan flores y alimentos al volcán don Goyo.


Los pobladores de Xalitzintla son quienes se organizan para llevar flores, mole de guajolote con arroz y bebidas. Hay quienes llevan obsequios, cigarros, ropa, sombreros, botellas de licor y hasta dulces. ¡también le cantan las mañanitas. 🏔️⛰️🌋


(publicado en el grupo México que se fue por Bana la Morena el 20 de octubre de 2021)

Que pasaría si la Malinche hiciera erupción?

 

Lo que pasaría si la Malinche hiciera erupción. 🌋
(Ver vídeo)





Reynalda el Tesoro Humano Vivo de La Magdalena Yancuitlalpan

Reynalda el Tesoro Humano Vivo de La Magdalena Yancuitlalpan
Reynalda Altamirano, una indígena nahuátl de 73 años de edad, ya es considerada un Tesoro Humano Vivo en su natal pueblo, La Magdalena Yancuitlalpan, una comunidad perteneciente al municipio de Tochimilco, a las faldas del volcán Popocatépelt.

Es traductora certificada y poseedora de conocimientos que le dejaron sus ancestras: madre, abuela y bisabuela. Las telas que borda son su testimonio de vida y en ellas plasma - aún con la vista cansada - lo que sigue viendo y viviendo.

Ella es considerada un Tesoro Humanos Vivo porque es una de las pocas mujeres de todo Puebla que aún preserva el tipo de bordado indígena y el que se le aprendió a los españoles antiguos que invadieron las tierras de Don Goyo.

En unos botes de leche tiene trapitos enrollados con bordados viejíisimos, algunos con más de 200 años. Esos son sus tesoros más preciados y que quisiera que sus nietas hereden, pero que además sigan la tradición de bordar.

La mujer con la piel tostada por el sole llora porque una de sus dos hijas murió de cáncer. Luego cuenta que la que sobrevive es enfermera y la única que le agarró gusto al hilo y la aguja, aunque sin mucho talento, por lo menos no al que Reynalda desarrolló.

Doña Reyna ha dado talleres en el Museo de Santa Rosa, donde vendía sus blusas. Conoció al dramaturgo Héctor Azar.

En La Magdalena Yancuitlalpan hay cerca de 3 mil habitantes. Está ubicada a una distancia de viaje en automóvil de una hora saliendo de la ciudad de Puebla capital. La mayoría de la población indígena es mujer, que una década atrás se dedicaba al bordado. De estas solo quedan diez que lo hacen, pero ya con edades mayores. Únicamente ellas tratan de conservar las técnicas antiguas que podría extinguirse a la muerte de las bordadoras.

Confiesa Doña Reyna que el trabajo es muy arduo. Una blusa podrían tardar hasta seis meses o un año en confeccionarla. Para las jóvenes actuales eso es mucho tiempo invertido y poca la ganancia, por lo que ahora prefieren levantar maíz o trabajar en el campo.

Las que siguen bordando, y que son jóvenes, hacen diseños más modernos y más sencillos para que los turistas se animen a comprar. Una de las técnicas de Doña Reyna es el bordado para plisar y el deshilar para crear una especie de encaje, además del enchaquirado. Una pieza puede llegar a valer desde mil 500 a 2 mil 500 pesos.

NÓMINADA PARA UN PREMIO

La historia de Reynalda Altamirano fue inscrita por el ayuntamiento para concursar por el premio “Tesoros Humanos Vivos” de la Secretaría de Cultura del gobierno del estado de Puebla. La convocatoria cerró en agosto de 2020.

Se nominaron a personas que, por su contribución y compromiso en prácticas y expresiones culturales, son un referente de identidad y valores significativos para su comunidad, o bien, a quienes, en lo individual o colectivo, han contribuido a mantener vigentes prácticas y expresiones que muestran un impacto cultural a nivel regional. 

La convocatoria contempla dos modalidades: “Tesoros Humanos Vivos” y “Tesoros Humanos Vivos Honoríficos”, mismas que otorgarán tres apoyos económicos de 60 mil pesos, y dos de 100 mil pesos, respectivamente. Los postulados deben contar con una edad mínima de 70 años o con 30 años de trayectoria como grupo de trabajo colectivo, además de cumplir con los requisitos estipulados.



Créditos: Urbano