Estracto del libro "Encuentro de miradas" publicada por la SEP
Así contaron los niños la historia de La Magdalena Yancuitlalpan
En La Magdalena Yancuitlalpan existe una memoria que durante generaciones se transmitió principalmente de boca de los abuelos, los padres y los tíos.
A finales de la década de 1990, un grupo de niños de la comunidad comenzó a recopilar esas historias. Las escucharon en sus casas, las grabaron, las escribieron y después las compartieron en la escuela.
No eran historias escritas por un historiador. Eran las historias tal como los niños las habían escuchado de sus mayores y como ellos mismos las entendían y las contaban.
La investigadora Rossana Podestá documentó este trabajo en Encuentro de miradas. Los propios niños decidieron ordenar sus historias “de antes para acá” y colocaron en su lista los volcanes o el diluvio, la fundación, La Llorona, las brujas, el ojo de agua, la Revolución, el túnel, el Cerro Viejo, el diablo, el Cerro del Chiquihuite y La Malinche. Cuando les preguntaron quiénes contaban mejor estas historias, respondieron: “los abuelitos”.
A continuación, estas son las principales narraciones, respetando en lo posible las palabras y la forma en que fueron contadas.
1. El diluvio y los xantilti
Catalina Mondragón
Esta historia fue contada por Catalina Mondragón, quien comenzó diciendo:
“Dice mi abuelita que empezó a llover como cuarenta días y cuarenta noches…”
Según lo que Catalina había escuchado de su abuelita, durante aquella gran lluvia casi todos murieron.
Algunos lograron irse hacia el Pico de Orizaba porque, según la historia, “el Popocatepetl se hundió”.
Cuando finalmente terminó la lluvia y el agua comenzó a bajar, aquellos antiguos habitantes se convirtieron en changos y animales.
Catalina los describe así:
“eran como monos.. les decían xantilti..”
Dice también que se vestían con la piel de los animales, comían carne y que ellos habían inventado el fuego.
Y finalmente explica quiénes eran:
“xantilti son los viejos antiguos que vivieron aquí.. así nombramos lo viejos tiempos.”
Así lo contó Catalina, repitiendo una historia que había recibido de su abuelita. (La Magdalena Yancuitlalpan)
2. La llegada de Santa María Magdalena
Niño sin nombre identificado
Otra de las historias cuenta cómo Santa María Magdalena llegó al lugar donde actualmente se encuentra el pueblo.
El niño comienza contando que Santa María Magdalena vivía en Huexocoapa y que iban a celebrar su fiesta el 22 de julio.
Pero entonces ocurrió un problema:
“el rico se enojó y que los corre.”
Los habitantes tuvieron que salir de aquel lugar.
Primero llegaron a un sitio llamado Huepalcalo y después bajaron hacia Tochimilco.
Allí fueron a ver al presidente para pedirle un lugar donde pudieran sembrar.
Según el relato, el presidente les dio precisamente el lugar:
“a donde estamos viviendo.”
Después aparece nuevamente el hombre rico. La historia dice que intentaron regresar a la patrona, pero ya no pudieron porque la imagen se había vuelto pesada.
Mientras tanto, al rico le ocurrió algo extraño:
“el rico ya se había pegado la copa de oro en su boca”
Ya no podían quitarle la copa.
Entonces la patrona no quiso regresar y permaneció en el nuevo lugar.
El niño termina explicando algo muy importante sobre la fundación:
“los antepasados primero lo tenían que buscar el agua.”
Después de encontrarla:
“lo construyeron el templo”
También menciona un lugar llamado El Canorno, donde obtenían la cal utilizada para construirlo. (La Magdalena Yancuitlalpan)
Así lo contó el niño, relacionando directamente la llegada de la patrona, el agua y la construcción del templo con el origen de la comunidad.
3. El agua y el origen del pueblo
Ademía Flores Morales
En otra narración aparece nuevamente el agua.
Ademía Flores Morales cuenta una historia relacionada con un hombre rico y con la fiesta de la patrona.
Después del conflicto, el hombre pidió agua y ocurrió algo extraño con el vaso.
La historia termina relacionando ese acontecimiento con los primeros habitantes y con la búsqueda de agua.
Los antepasados encontraron un lugar donde había agua y comenzaron a excavar.
Dentro de estas narraciones, el agua no aparece simplemente como algo necesario para vivir.
Es parte de la historia de cómo nació el pueblo.
La propia investigación de Podestá observa que en Yancuitlalpan el agua está relacionada con la ubicación de la iglesia y con la fundación del pueblo.
Así lo contaron los niños: primero había que encontrar el agua y después construir el templo.
4. Cuando Santa María Magdalena decidió quedarse
Caritina Díaz Alonso
Caritina Díaz Alonso también participó en las narraciones relacionadas con Santa María Magdalena.
Su versión forma parte de ese conjunto de historias en las que la imagen de la patrona llega a un lugar y termina permaneciendo allí.
La lluvia, el agua y el lugar donde finalmente queda la imagen aparecen relacionados con la existencia posterior de la iglesia y del pueblo.
Para los niños, la imagen no era simplemente trasladada por las personas.
Dentro de estas historias, la propia patrona parecía decidir dónde quería quedarse.
Por eso, una de las ideas que se repiten en las narraciones de Yancuitlalpan es que el lugar elegido debía tener agua.
Así lo contaron los niños y así lo habían aprendido de las personas mayores de la comunidad.
5. El león que había en Yancuitlalpan
Miguel González, sexto grado, 12 años
Miguel González, de sexto grado y 12 años, contó una historia diferente.
Miguel comenzó describiendo cómo imaginaba a La Magdalena de muchos años atrás:
“habia muchos arboles estaba lleno de pasto, flores no habia lus electrica”
También decía que las casas eran de pasto y paja.
Pero entre todos los animales había uno que causaba miedo:
un león.
Según Miguel, era el único animal salvaje que existía en la comunidad y la gente tenía miedo de salir de sus casas.
Hasta que un día:
“la gente se reunio para acabar con el leon”
Los habitantes fueron preparados con:
“palos piedras y machetes”
Llegaron al lugar donde estaba el animal, pelearon con él y finalmente lo mataron.
Miguel continúa recordando un Yancuitlalpan donde había muchos animales:
“el lobo, coyote, serpientes, venados, toros y otros”
También habla de un bosque muy grande.
Con el paso del tiempo llegaron personas de otros pueblos. La comunidad comenzó a crecer, se fueron tumbando árboles y matando animales.
Al principio:
“no abian carreteras solo veredas”
Después llegó la carretera y el pueblo cambió.
Miguel también recuerda los cultivos de la comunidad y menciona maíz, frijol, habas, chícharo, alegría, alelí y flor de muerto.
Y cuando habla del volcán dice:
“el volcan Popocatepetl tiene otro nombre que es Gregorio”
Finalmente observa que ya no había tantos animales porque:
“el ombre los a matado.”
Así lo contó Miguel González, mezclando recuerdos del paisaje antiguo, animales, agricultura y las transformaciones que había experimentado la comunidad. (La Magdalena Yancuitlalpan)
6. Las brujas
Los niños también hablaron de las brujas.
Ellos mismos colocaron esta historia después de La Llorona dentro de su orden de narraciones.
La investigadora explica que el mundo narrativo de los niños de Yancuitlalpan era muy amplio y que entre los temas que destacaban estaban las brujas, La Llorona y el diablo.
Las historias sobrenaturales estaban relacionadas con lugares, personas y acontecimientos que los niños conocían de su propia comunidad.
En una conversación registrada durante el trabajo, los niños hablaron también del “mal aire”.
Cuando se les preguntó quién limpiaba a las personas que lo sufrían, respondieron:
“nuestras mamas y abuelitas con yerbas”
Y mencionaron plantas como el pirul, la ruda y el zapote blanco.
Cuando se preguntó si había brujos en la comunidad, los niños respondieron:
“si son brujos”
Así lo contaron los niños, vinculando las historias de brujas con los conocimientos y prácticas que aprendían dentro de sus familias.
7. La Llorona
Sin nombre identificado en el fragmento consultado
La Llorona fue otra de las historias que los niños consideraban parte de la memoria de Yancuitlalpan.
Ellos mismos la colocaron después de la historia de la fundación y antes de las brujas.
La importancia de esta historia no está solamente en el personaje de La Llorona.
También muestra que los niños consideraban las historias de aparecidos, almas y otros seres sobrenaturales como parte de los conocimientos que circulaban dentro de la comunidad.
La investigación señala que el mundo narrativo infantil incluía mitos, leyendas, aparecidos, duendes, brujas y almas en pena.
Así la contaron los niños, como una historia recibida de los mayores.
En el fragmento de la obra que pude verificar no aparece una versión completa con el nombre del niño que la narró, por lo que no se le atribuye a una persona específica.
8. El ojo de agua
Narraciones de varios niños
El ojo de agua ocupa un lugar especial dentro de estas historias.
No solamente era un relato.
El agua aparece repetidamente en las explicaciones que los niños daban sobre el origen de Yancuitlalpan.
Los antepasados buscaban agua.
Encontraban agua.
Y después de encontrarla comenzaban a construir.
Por eso el agua aparece relacionada con la iglesia, con la fundación y con la vida del pueblo.
Los niños también describían lugares donde nacía el agua y hablaban de los elementos que rodeaban esos sitios.
Así lo contaron ellos: el agua era una de las primeras cosas que había que encontrar para poder establecerse en aquel lugar.
9. La Revolución
Sin nombre identificado en el fragmento consultado
La Revolución también formaba parte de las historias que los niños habían escuchado.
Ellos la colocaron después del ojo de agua y antes del túnel.
Esto es importante porque demuestra que su memoria no estaba formada solamente por leyendas.
También incluía acontecimientos históricos transmitidos dentro de las familias.
En su propia clasificación, los niños colocaron:
“el ojo de agua, la revolución, el tunel”.
Así lo contaron los niños y así decidieron ordenar las historias.
10. El túnel
Sin nombre identificado en el fragmento consultado
Después de la Revolución aparecía el túnel.
Era otra de las historias que los niños consideraban parte de la memoria de su pueblo.
Los relatos de Yancuitlalpan estaban estrechamente relacionados con el territorio.
No hablaban solamente de personas.
También hablaban de cerros, agua, túneles, caminos, volcanes y lugares específicos.
Por eso el túnel formaba parte de ese mapa de historias que los niños habían aprendido de sus mayores.
Así lo contaron los niños y así lo colocaron dentro de su propia secuencia de historias.
11. El Cerro Viejo
Sin nombre identificado en el fragmento consultado
El Cerro Viejo aparece inmediatamente después del túnel.
Los niños lo incluyeron entre las historias que debían ser contadas para explicar el pasado de Yancuitlalpan.
Al igual que ocurre con el Cerro del Chiquihuite y otros lugares mencionados por ellos, el territorio adquiere una dimensión narrativa.
El cerro no es solamente un accidente geográfico.
Dentro de la memoria oral, el lugar también guarda historias.
Así lo contaron los niños, colocándolo dentro de la secuencia que ellos mismos organizaron “de antes para acá”.
12. La leyenda del diablo
Sin nombre identificado en el fragmento consultado
Después del Cerro Viejo aparece la leyenda del diablo.
El diablo, junto con las brujas y La Llorona, es uno de los temas sobrenaturales que más destacan dentro del mundo narrativo que Podestá documentó entre los niños de Yancuitlalpan.
Estas historias convivían con otras narraciones sobre el pueblo, los cerros, el agua, el volcán y la iglesia.
Así lo contaron los niños, como parte de un mundo donde los lugares conocidos también podían estar relacionados con acontecimientos extraordinarios.
13. El Cerro del Chiquihuite
Sin nombre identificado en el fragmento consultado
El Cerro del Chiquihuite fue colocado por los niños después de la leyenda del diablo.
Su inclusión vuelve a demostrar la importancia del territorio en la memoria oral de Yancuitlalpan.
Los niños no separaban completamente la historia de los lugares donde vivían.
Los cerros, el agua, el volcán y otros sitios formaban parte de las historias que conocían.
Así lo contaron ellos y así decidieron conservarlo dentro de su lista de narraciones.
14. La Malinche
Sin nombre identificado en el fragmento consultado
La última historia de la lista infantil fue La Malinche.
Los niños la colocaron al final de su recorrido:
los volcanes o el diluvio, la fundación, La Llorona, las brujas, el ojo de agua, la Revolución, el túnel, el Cerro Viejo, el diablo, el Cerro del Chiquihuite y La Malinche.
No se trata solamente de una lista elaborada por un investigador.
Fueron los propios niños quienes decidieron cómo presentar sus narraciones.
Ellos querían contarlas:
“De antes para acá.”
Las voces de los niños
Lo más valioso de estas historias es que podemos conocerlas desde la voz de quienes las aprendieron dentro de la propia comunidad.
Los niños explicaron que los cuentos existían desde tiempos muy antiguos. Cuando les preguntaron desde cuándo existían, respondieron de distintas maneras: “desde que existió el mundo”, “desde que aparecimos nosotros los seres humanos” y también dijeron:
“los cuentos se hacen por lo que pasó”.
Y cuando les preguntaron quiénes los contaban mejor, la respuesta fue:
“los abuelitos”.
Eso es precisamente lo que hace especial este registro.
No estamos ante una versión moderna escrita muchos años después.
Estamos ante las palabras de niños que, en la década de 1990, escucharon a sus familiares, preguntaron, grabaron, escribieron y volvieron a contar aquello que formaba parte de la memoria de La Magdalena Yancuitlalpan.
Por eso, cuando se habla de estas historias, lo correcto es decir:
“Así lo contaron los niños de La Magdalena Yancuitlalpan.”
Son relatos de tradición oral, memoria familiar y conocimiento comunitario. No todos pueden comprobarse como acontecimientos históricos, pero todos forman parte del registro de cómo una generación de niños entendía y explicaba el pasado de su pueblo.
La fuente principal es Encuentro de miradas, de Rossana Podestá Siri, y la transcripción local de “La historia del pueblo según los niños (en el año 1997)”. La investigación confirma además que el proyecto reunió narraciones aprendidas de abuelos, padres y tíos y que los propios niños participaron como autores. (Dirección General de Educación Indígena)
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